hizo sentir mal?
—No.
—¿Tu maestra te dijo algo?
—¡Mamá, por favor!
Se levantó.
Me abrió la puerta.
Y me pidió que saliera.
Aquella noche hablé con Mauricio.
Le conté lo preocupada que estaba.
Él suspiró.
—Verónica, tiene dieciséis años.
—¿Y eso qué significa?
—Que está creciendo. Que tiene cambios de humor. Que quizá está cansada.
Negué con la cabeza.
—Esto no es normal en ella.
Mauricio me tomó la mano.
—No podemos convertir cada silencio en una tragedia.
Quise creerle.
De verdad quise.
Pero había algo en la mirada