voz comenzaba a temblar.
—Pero nuestra felicidad nunca dependió de que fueras bailarina.
Camila comenzó a llorar más fuerte.
—Mamá…
—Si mañana decides que quieres estudiar medicina, te vamos a apoyar. Si quieres pintar, enseñar, escribir o dedicarte a cualquier otra cosa, también.
Le acaricié el rostro.
—Y si no sabes todavía qué quieres hacer, no pasa nada.
Me acerqué un poco más.
—Lo único que necesitamos es que estés aquí. Que estés bien. Que nos permitas cuidarte.
Camila soltó un sollozo.
La abracé.
Y por primera vez en casi