un mes mi hija no se apartó.
Se aferró a mí.
Lloró sobre mi hombro.
Y dejó salir todo el miedo que había estado guardando.
Mauricio se acercó.
Nos abrazó a las dos.
Durante mucho tiempo permanecimos así.
Tres personas llorando alrededor de una mesa demasiado pequeña.
Después Camila comenzó a contarnos todo.
Cómo había sido el desmayo.
El miedo que sintió al despertar.
Las consultas.
Los estudios.
Las noches en las que buscaba información sobre su diagnóstico.
Y las veces que había querido decirnos la verdad, pero no encontraba