EL MEJOR AMIGO DE MI ESPOSO LLEVABA A NUESTRA HIJA DE 16 AÑOS A SUS CLASES DE BALLET TRES VECES POR SEMANA. DE PRONTO, ELLA DEJÓ DE HABLARNOS, ESCONDIÓ SUS ZAPATILLAS Y COMENZÓ A LLORAR A PUERTA CERRADA. UN DÍA FUI A LA ACADEMIA SIN AVISAR Y DESCUBRÍ QUE MI HIJA NO ESTABA ALLÍ. CUANDO SU MAESTRA ME DIJO: «SEÑORA, ¿SU HIJA NO LE HA KARACONTADO LO QUE ESTÁ PASANDO?», SENTÍ QUE EL MUNDO SE ME VENÍA ENCIMA.

el dinero que recibía en sus cumpleaños para comprar zapatillas.

Veía grabaciones de bailarinas profesionales.

Y pasaba horas practicando frente al espejo de su habitación.

Cuando cumplió quince años nos dijo que quería dedicarse profesionalmente a la danza.

Mauricio y yo sabíamos que sería un camino difícil.

No teníamos una fortuna.

Yo trabajaba como administradora en una clínica.

Mi esposo era supervisor de obras.

Y entre la hipoteca, los gastos de la casa y la escuela de Camila, casi nunca nos sobraba demasiado dinero.

Pero verla bailar nos hacía comprender