niñas podían comprender.
Cuando alguna se frustraba, Camila se sentaba junto a ella.
—No tienes que aprenderlo todo hoy.
Otras veces decía:
—Lo importante es intentarlo sin lastimarte.
Las niñas comenzaron a quererla muchísimo.
La buscaban cuando llegaban.
Le enseñaban sus dibujos.
Y le preguntaban si estaría presente en sus pequeñas presentaciones.
Camila también comenzó a crear coreografías sencillas.
Se sentaba frente a una libreta.
Escuchaba música.
Y dibujaba las posiciones que imaginaba.
Después ayudaba a la maestra Elena a adaptar las secuencias para las alumnas.
Descubrió que podía participar