Una vez casi tiré el refrigerador de mi casa.
La pequeña comenzó a reír.
Yo estaba junto a la puerta.
Y sentí que se me llenaban los ojos de lágrimas.
Porque por primera vez en mucho tiempo escuché la risa de Camila dentro de un salón de ballet.
No era exactamente la vida que había imaginado.
Pero era una nueva manera de permanecer cerca de su pasión.
Con el tiempo descubrió que tenía una habilidad especial para enseñar.
Era paciente.
Observadora.
Y sabía explicar los movimientos con palabras que las