Una adolescente que creía que debía cargar sola con la posibilidad de perder su sueño.
Y nosotros no habíamos sabido verlo.
No porque no la amáramos.
Sino porque habíamos confundido su felicidad con sus logros.
Cada vez que hablábamos de su beca, sonreíamos.
Cada vez que mencionábamos sus futuras presentaciones, nos emocionábamos.
Y sin darnos cuenta habíamos permitido que Camila creyera que nuestro orgullo dependía de verla triunfar.
Tuvimos que cambiar eso.
Comenzamos a celebrar otras cosas.
Su paciencia.
Su sentido del humor.
La manera en que ayudaba a las