familia donde las malas noticias también tienen lugar.
Donde nadie necesita fingir que está bien.
Y donde el amor no depende de los logros, los premios ni los aplausos.
Durante años pensé que el momento más hermoso de mi vida sería ver a Camila sobre un gran escenario.
Hoy sé que estaba equivocada.
El momento más hermoso fue verla volver a sonreír en nuestra pequeña cocina.
Porque el ballet nunca fue lo que más amábamos.