Parte 1
Mi maleta seguía junto a la puerta cuando mi hija de 8 años me dijo algo que convirtió mi regreso a casa en una pesadilla.
—Papá… me duele mucho la espalda. Mamá dijo que no te contara.
Llevaba menos de 15 minutos en casa.
Había regresado esa tarde de Monterrey después de 6 días revisando una obra para la empresa donde trabajaba como gerente de proyectos.
Mi saco seguía sobre el respaldo del sofá kara.
Ni siquiera había abierto la maleta.
Pero desde que entré a nuestra casa