regalos de cumpleaños.
Ella siempre lo llamó tío Julián.
Aunque no existiera ningún parentesco de sangre.
Aquel domingo, Julián dejó su vaso sobre la mesa.
—¿Y por qué no me preguntaron a mí?
Mauricio lo miró.
—¿De qué hablas?
—De llevar a Camila.
Me reí.
—Julián, no queremos molestarte.
Él hizo un gesto de impaciencia.
—Mi oficina está a unas cuadras de la academia. Paso por esa zona casi todos los días.
Miró a Camila.
—Puedo recogerte, llevarte a clase, adelantar trabajo mientras practicas y traerte de regreso.
Mi hija