abrió los ojos.
—¿De verdad, tío?
Julián sonrió.
—Claro. Pero con una condición.
Camila se puso seria.
—¿Cuál?
—Que cuando seas famosa me consigas boletos gratis.
Todos comenzamos a reír.
Camila lo abrazó.
Yo sentí un alivio enorme.
Habíamos encontrado una manera de ayudarla a cumplir su sueño.
Y además estaría acompañada por alguien en quien confiábamos desde hacía décadas.
Durante las primeras semanas todo funcionó perfectamente.
Julián llegaba puntual.
Camila salía con su mochila y su bolsa de danza.
Y regresaba por la noche cansada, hambrienta y feliz.
Apenas