sorprendidas.
—Podemos rentar el departamento de mamá. Óscar conoce a alguien que se encargaría de administrarlo.
—¿Y mis muebles? —preguntó mi abuela.
—Los guardamos. Tú ya no puedes vivir sola.
Óscar intervino rápidamente.
—Yo consigo al inquilino. Solo necesitaría las llaves y una autorización.
La expresión de mi abuela cambió.
—¡Fuera de aquí!
—Mamá, estamos intentando ayudarte.
—No. Están esperando que me muera para repartirse mis cosas.
Los tres salieron furiosos.
Aquella noche ayudé a mi abuela a acomodarse mientras mamá preparaba sus medicamentos.
Cuando nos quedamos solas, mi abuela