Mis familiares dejaron abandonada a mi abuela en el hospital, aunque ella había gastado sus ahorros ayudándolos durante años. “Ya hizo suficiente por nosotros”, dijo su nieto favorito antes de colgar. Yo solo llamé a mi madre, que tenía razones de sobra para odiarla. Cuando mamá decidió llevarla a su propia casa, todos regresaron preocupados por una sola cosa… y no era su salud.

PARTE 1

—¡Que se quede en el hospital! ¡Yo no voy a dejar mi trabajo para limpiarle los pañales a una anciana! —gritó mi tía Leticia cuando le pregunté quién recogería a mi abuela.

Lo peor fue que estaba hablando de su propia madre.

Aquella mañana, a las siete y media, recibí una llamada del Hospital Civil de Guadalajara.

—¿Hablo con Marina Hernández? Su abuelita, doña Amalia Herrera, será dada de alta hoy a las once. Necesitamos saber quién vendrá por ella.

Me quedé inmóvil.

Llevaba casi cuatro años sin