si temiera que fuera a levantarme y salir corriendo.
—¿Qué hiciste, abuela? —pregunté finalmente.
—Todavía no puedo explicártelo. Necesito encontrar algo que guardé en mi departamento.
—¿Por qué no me lo dices ahora?
—Porque llevo demasiados años mintiendo, Marina. Y esta vez quiero que veas las pruebas.
No insistí. Pero aquella noche apenas pude dormir.
Recordé a mi madre llorando después de que la acusaran de robar aquellos aretes. Recordé las miradas de desprecio en las reuniones familiares y las ocasiones en que alguien escondía su bolsa cuando mamá entraba