hablar con mi abuela. Nunca tuvimos una relación sencilla, pero jamás imaginé recibir semejante noticia.
—¿Dada de alta? ¿Qué le pasó?
—Sufrió una fractura de cadera hace tres semanas. La operaron y está estable, pero necesita ayuda para caminar, bañarse y tomar sus medicamentos. No puede quedarse sola.
Pregunté por sus hijos y por Óscar, mi primo, que vivía a dos calles de su casa.
La trabajadora social suspiró.
—Ya llamamos a todos. Su hija dice que no puede venir, su hijo no contesta y su nieto nos pidió que