reunión parecía interesarles muchísimo.
Mi primo fue el primero en preguntar:
—Abuelita, ¿vas a hablar de tus propiedades?
Mi abuela no respondió.
Estaba sentada a la cabecera de la mesa. A su lado descansaba la andadera.
Mamá servía café cuando mi abuela colocó el estuche rojo frente a todos.
—¿Recuerdan los aretes que desaparecieron después de la muerte de Alejandro?
Leticia frunció el ceño.
—Claro, mamá. ¿Por qué?
—Porque quiero que sepan que Elena nunca los robó.
Mi tía miró a mamá.
—¿Entonces quién fue?
—Nadie. Yo los escondí.
Óscar