tenderle la mano sin esperar nada a cambio.
Porque al final de la vida, cuando ya no puedes levantarte solo de una cama, no importa cuántas propiedades tengas ni cuánto dinero hayas repartido entre tus familiares. Lo que realmente importa es quién escucha tu llamada, quién llega a buscarte y quién permanece a tu lado cuando ya no tienes nada que ofrecer.