Salí de prisión después de casi 4 años por un fraude que nunca cometí. Mi esposo se quedó con mi empresa y mi propia hermana dejó de contestarme. Una anciana fue la única que me dio trabajo. Una noche preguntó: “¿Por qué estuviste en prisión?”. Se lo conté todo. Ella guardó silencio, sacó su teléfono y me mostró el mensaje que mi hermana jamás imaginó que yo vería.

—Con esto podrías empezar de nuevo.

Mariana pensó en un departamento pequeño.

Un automóvil usado.

Una vida sin juzgados.

Luego pensó en los empleados que habían perdido su trabajo cuando la empresa comenzó a hundirse.

En Julián, despedido por negarse a modificar registros.

En su casa.

En el reloj de su padre que Verónica llevaba en la muñeca.

—No voy a vender mi inocencia.

Sofía recogió el documento.

—Entonces seguimos.

Presentaron las nuevas pruebas ante las autoridades correspondientes y solicitaron revisar formalmente la condena.

La Fiscalía abrió nuevas líneas de