«Mi hijo con síndrome de Down trabajó durante 12 años en una tienda, hasta que el gerente lo acusó de ladrón. Mi hijo lloraba y suplicaba: “¡Mamá, créeme, yo no he robado nada!”. Yo creí en su inocencia, pero cuando salió a la luz la verdad, ocurrió algo que jamás habría imaginado…»

temblorosa.

—Hace tres meses, estaba a punto de salir de esta tienda sin comprar nada. Solo tenía dos dólares en mi monedero. Y en mi casa no quedaba ni un pedazo de pan.

Un silencio absoluto se apoderó de la tienda.

—Tengo 82 años. Mi esposo falleció hace mucho tiempo y mi hija llevaba años viviendo lejos de mí. Cuando comenzaron mis dificultades económicas, me daba demasiada vergüenza contárselo a alguien.

La mujer se secó las lágrimas.

—Aquel día, Daniel me vio devolviendo el pan y la leche en la