Fui a escondidas con otra ginecóloga sin decirle nada a mi esposo. Él no dejaba de repetir que quitarme las llaves, el celular e incluso prohibirm

chamarra de trabajo, llena de polvo, como si hubiera salido directo del taller en Tlaquepaque. Se quedó en la puerta, sin atreverse a entrar.

—¿Puedo acercarme, hija?

Esa pregunta me rompió.

Adrián nunca preguntaba. Adrián decidía.

Asentí.

Mi papá cruzó el cuarto, me tomó la mano y no preguntó por qué me había alejado 2 años. No me reclamó haber faltado a cumpleaños, comidas, Navidades. Solo dijo:

—Tu mamá viene en camino. Aquí nos quedamos.

Lloré sin hacer ruido.

A la mañana siguiente, la trabajadora social del hospital me entregó