—Para fortalecer al bebé —decía ella.
La taza tenía un sabor metálico, amargo, pero Adrián decía que era normal.
—Son hierbas prenatales. Mi mamá sabe de esas cosas.
La doctora Ríos pidió un ultrasonido “solo para quedarnos tranquilas”. Pero cuando pasó el transductor por mi vientre, su sonrisa desapareció. Acercó la cara a la pantalla. Cambió el ángulo. Volvió a revisar.
Luego apagó el monitor.
—Voy a pedir imagen de urgencia y análisis toxicológico. También necesito que autorices que documentemos todo.
—¿Todo qué?
Ella bajó la voz.
—Hay un dispositivo