cerca del cuello uterino. No aparece en tu expediente. Y por la posición, no parece algo que tú pudieras haberte colocado.
Sentí que el aire se me acababa.
Seis semanas antes, Adrián me había hecho una “revisión rápida” en nuestra recámara. Cerró con seguro, le pidió a su mamá que mantuviera a todos abajo y me dijo que era para evitarme una ida innecesaria al hospital.
Recordé el frío del instrumento.
El dolor breve.
La presión.
Mi pregunta:
—¿Qué me hiciste?
Y su respuesta, con un beso en la frente: