MI SUEGRA DIJO DELANTE DE TODA LA FAMILIA QUE YO “ME HABÍA CASADO PARA SUBIR DE CLASE”… ASÍ QUE PEDÍ EL DIVORCIO AHÍ MISMO, EN LA MESA. PERO A LA MAÑANA SIGUIENTE, EN EL JUZGADO, TODOS DESCUBRIERON QUIÉN ERAKARA YO EN REALIDAD.

brazos.
—¿Y cuál es la diferencia?
Le regalé una sonrisa mínima.
—La diferencia —dije— es que yo sí puedo vivir sin Alejandro.
Y me fui.
Detrás de mí la escuché gritar algo sobre la ingratitud, pero por primera vez en años, no me importó.
Esa noche dormí sola.
Sin lágrimas.
Sin temblores.
Sin pánico.
No se sentía como perder un matrimonio.
Se sentía como salir por fin de un cuarto sin aire.
A la mañana siguiente llegué al juzgado antes que todos.
Llevaba un traje color marfil, el cabello recogido