y una calma tan helada que hasta a mí me resultaba desconocida.
Alejandro apareció diez minutos después con su madre, su hermana y un licenciado que sonreía con demasiada facilidad. En cuanto me vieron, intercambiaron esa mirada de suficiencia que tiene la gente cuando cree que el final ya está escrito.
Rebeca fue la primera en acercarse.
—Todavía puedes evitar hacer el ridículo —me dijo en voz baja—. Firma rápido, acepta lo que te ofrezcamos y desaparece con un poco de dignidad.
La miré sin decir una sola palabra.
Alejandro,
MI SUEGRA DIJO DELANTE DE TODA LA FAMILIA QUE YO “ME HABÍA CASADO PARA SUBIR DE CLASE”… ASÍ QUE PEDÍ EL DIVORCIO AHÍ MISMO, EN LA MESA. PERO A LA MAÑANA SIGUIENTE, EN EL JUZGADO, TODOS DESCUBRIERON QUIÉN ERAKARA YO EN REALIDAD.