Sentí que el corazón se detenía.
—¿Recibieron el dinero?
—La operación todavía no se ha completado —respondió—. Pero alguien presentó documentos de identidad y una autorización notarial que debemos verificar.
Miré la firma.
Otra vez mi nombre.
Otra vez una firma que no reconocía.
Esa tarde Sienna apareció en mi puerta.
No llevaba gafas de sol.
Su expresión era completamente diferente.
—Necesito que retires la denuncia.
Me quedé inmóvil.
—¿Qué denuncia?
—La que Thomas presentó sobre los documentos.
La observé fijamente.
—¿Por qué?
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Porque