PARTE 2 — LA CASA NO SE REGALA KARA

no es tu firma.

—Lo sé.

Elliot comenzó a llorar.

No lo había visto hacerlo desde el funeral de su abuelo.

—Sienna me dijo que tú habías aceptado vender la cabaña.

Sentí una tristeza profunda.

—¿Y le creíste?

Él bajó la cabeza.

—Sí.

Por primera vez comprendí que mi hijo también estaba atrapado en una historia que no había cuestionado.

Pero todavía faltaba descubrir algo mucho peor.

Al día siguiente Thomas encontró una solicitud de préstamo presentada utilizando la cabaña como garantía.

El monto era de cuatrocientos cincuenta mil dólares.