usaste… —balbuceé, sintiendo que el corazón se me rompía en mil pedazos—. Todo lo que me dijiste en esas visitas, las notas, la preocupación por mi hermano… ¿Todo fue una mentira?
Jonah guardó silencio durante tres segundos que parecieron una eternidad. Sus ojos grises, antes llenos de calidez, me observaron con una intensidad indescifrable.
—Al principio, sí —admitió en un susurro áspero—. Era un contrato. Pero cuando vi que ibas de juzgado en juzgado con los dedos helados por el invierno, defendiendo a un hombre que apenas conocías, cometí el