o “que me diera un gusto”. Nunca gasté ese dinero. Además, los fines de semana, cuando ustedes iban a la iglesia oa visitar a tu suegra, yo iba a un taller mecánico en la central de autobuses. Trabajaba en la noche arreglando motores diésel.
Las lágrimas empezaron a correr por las mejillas de Esteban. —Yo sabía que el negocio del transporte era un riesgo. También vi los estados de cuenta en tu oficina cuando buscabas un documento el mes pasado. Supe que las cosasiban mal. Siempre me dijiste que lo