El Peso de la Sangre: El Secreto que mi Hermano Guardó Tras las Rejas

documentos notariados y una libreta de ahorros. Al leer el primer documento, sentí que el aire me faltaba. Me quedé paralizado.

La casa estaba a nombrede Sofía y mía. Estaba completamente pagada.

—¿Cómo…? —logré articular, con la voz quebrada.

Esteban sonriendo con tristeza y abrió la libreta de ahorros. —Durante estos quince años en prisión, aprendí a reparar motores con los viejos del pabellón. Cuando salí y me diste trabajo, me pagabas un sueldo justo. Pero tú, Diego, siempre me dabas bonos extras, dinero para “que me comprara ropa nueva”