reclamar un espacio que había dejado vacío voluntariamente hace catorce años.
La entrada de Daniel fue como una nota discordante en una sinfonía bien ejecutada. Los amigos de Habemus Asado, que conocían la historia completa, lanzaron miradas de desaprobación, pero Tomás se mantuvo enfocado en la pista, en el joven que llevaba su apellido en el corazón, si no en los papeles.
Presencia de Daniel en las gradas del estadio
El contraste visual entre los dos modelos de vida
La escena era digna de una película. De un lado, el