sobre la manta.
—No estaba sola —susurró.
El policía se acercó.
—¿Quién estaba con usted?
La respiración de Elena comenzó a temblar.

—Me dijeron que me llevarían a un lugar seguro. Me dijeron que allí me estaban esperando. Me dijeron que no tuviera miedo.
Sentí un escalofrío.
La enfermera preguntó con cuidado:
—¿Quién le dijo eso?
Elena cerró los ojos.
Una lágrima recorrió su rostro.
—Yo confiaba en ellos —susurró—. Ese fue mi error.
Nadie se movió.
Incluso las máquinas junto a su cama parecían sonar más fuerte de repente.