todavía más fuerte.
—Sí quiero.
Arturo cerró los ojos.
Durante años había pensado que sus momentos más importantes habían ocurrido en salas de juntas.
El día que consiguió su primer gran cliente.
El día que compró su primera casa.
El día que vio crecer su empresa.
Ahora entendía lo equivocado que había estado.
Años después, cuando alguien le preguntaba cuándo había cambiado su vida, Arturo siempre recordaba la misma imagen.
Una mujer contando monedas.
Una niña frente a un plato de hotcakes.
Y una madre diciendo:
“Yo ya comí”.
Cada