Cuando oí que 8 técnicos daban por perdido el jet mientras la hija del dueño esperaba en Suiza, dejé la fregona y me acerqué al motor. El jefe me cortó: «Marta, vuelve a tu zona». No discutí; conecté el diagnóstico y abrí el panel. Entonces encontré un sensor que todos habían revisado… pero nadie había probado en vuelo.

Faltaban más de 2 horas para llegar a Zúrich.

Marta miró la pantalla.

Después miró a Alejandro.

—Tenemos otro problema.

Y esta vez no podían detenerse en ningún hangar.

PARTE 3

Alejandro mantuvo el avión estable mientras Marta revisaba los valores una y otra vez.

La temperatura todavía estaba dentro del margen permitido, pero subía lentamente.

—¿Podemos continuar? —preguntó él.

—Sí, pero no así.

Marta estudió la distribución de potencia entre ambos motores.

Recordó tardes enteras en el pequeño taller de su padre, cuando Julián le obligaba a buscar soluciones