hora nadie habló.
Marta vigiló cada dato mientras Alejandro mantenía contacto con el control aéreo.
Finalmente, la temperatura dejó de subir.
El silbido desapareció.
—Estable —dijo Marta.
Alejandro respiró profundamente.
—Has salvado este viaje 2 veces.
—Todavía tenemos que aterrizar.
Por primera vez desde aquella mañana, él sonrió.
El silencio posterior fue diferente.
Ya no estaba lleno de miedo, sino de pensamientos que ninguno sabía cómo expresar.
Alejandro fue el primero en romperlo.
—Inés y yo discutimos antes de que viajara a Suiza.
Marta lo miró.
—Ella quería que fuera