—Vamos.
Un vehículo enviado por la clínica los esperaba junto a la terminal privada.
Marta dudó.
—Yo debería quedarme con el avión.
—No.
—Su hija necesita verlo a usted.
Alejandro abrió la puerta del coche.
—Si tú no hubieras aparecido, yo seguiría en Málaga mirando un avión parado. Vienes.
Durante el trayecto, Alejandro llamó 4 veces a la clínica.
Nadie respondió.
En la quinta llamada contestó una enfermera.
—Estamos atendiendo a Inés. Vengan directamente.
Alejandro dejó el móvil sobre sus piernas.
—Eso no suena bien.
Marta no intentó tranquilizarlo con