Cuando oí que 8 técnicos daban por perdido el jet mientras la hija del dueño esperaba en Suiza, dejé la fregona y me acerqué al motor. El jefe me cortó: «Marta, vuelve a tu zona». No discutí; conecté el diagnóstico y abrí el panel. Entonces encontré un sensor que todos habían revisado… pero nadie había probado en vuelo.

—Vamos.

Un vehículo enviado por la clínica los esperaba junto a la terminal privada.

Marta dudó.

—Yo debería quedarme con el avión.

—No.

—Su hija necesita verlo a usted.

Alejandro abrió la puerta del coche.

—Si tú no hubieras aparecido, yo seguiría en Málaga mirando un avión parado. Vienes.

Durante el trayecto, Alejandro llamó 4 veces a la clínica.

Nadie respondió.

En la quinta llamada contestó una enfermera.

—Estamos atendiendo a Inés. Vengan directamente.

Alejandro dejó el móvil sobre sus piernas.

—Eso no suena bien.

Marta no intentó tranquilizarlo con