de su hangar.
Pero ya no veía una limpiadora.
Veía a la única persona que había escuchado cuando todos los demás estaban demasiado convencidos de sus propios diagnósticos.
Cuando los Alpes aparecieron entre las nubes, Marta sintió un nudo en la garganta.
Nunca había salido de España.
Nunca había volado antes.
Y ahora estaba acercándose a Zúrich después de reparar en pleno viaje un sistema que varios profesionales no habían sabido interpretar.
La torre autorizó el descenso.
El aterrizaje fue limpio.
En cuanto el avión se detuvo, Alejandro se levantó.