y frunció el ceño.
«¿Qué intentaron preparar aquí?».
Julián se aclaró la garganta.
«Sopa de verduras».
Isabel volvió a mirar la olla.
«¿Con carbón?».
Los hombres estallaron en carcajadas.
Incluso Eusebio, que estaba sentado junto a la puerta, tuvo que esconder una sonrisa detrás de su bigote.
Aquella noche, Isabel no preparó ningún banquete.
Solamente cocinó frijoles con manteca, tortillas recién hechas, un poco de carne guisada con chile y una olla de café caliente.
Sin embargo, cuando los hombres se sentaron a la mesa, el silencio que siguió al