cede.
No comprende.
Negocia.
Salí del edificio con una propuesta formal en la mano.
Lloré dentro del coche.
Pero esta vez no eran lágrimas de pérdida.
Eran de reconocimiento.
Me estaba encontrando.
Al regresar a casa, Mia estaba furiosa.
—¡No viniste!
Dejó caer una medalla sobre la mesa.
—¡Todos tenían mamá y papá!
—Tenías a tu papá.
—¡No es lo mismo!
La miré.
Curioso.
Cuando yo había querido que estuviéramos los tres juntos, nunca parecía importar.
—Lo siento.
—¡No lo sientes!
—Sí.
—¡Tía Clara habría ido!
Daniel apareció detrás.
—Mia.