emergencia locales se vieron desbordados.
Se necesitaba urgentemente personal adicional y vehículos pesados.
Me puse en contacto con mi oficial al mando y le expliqué la situación.
Tras coordinar las autorizaciones necesarias, organizamos un equipo de apoyo.
Veintidós soldados se ofrecieron como voluntarios.
Ramírez estuvo entre los primeros.
“Sargento, su turno ha terminado. Vaya a ver a su familia.”
Se puso los guantes de invierno.
“Con todo respeto, señora, me quedo.”
En cuarenta minutos, habíamos reunido camiones pesados, equipos de rescate, ambulancias, mantas y suministros médicos.
Al subir al vehículo