a solas?
Lo seguí hasta una terraza que daba a los jardines de la academia.
Mi hermano permaneció un momento apoyado en la barandilla.
—Tengo que pedirte perdón —dijo al fin.
—¿Por qué?
—No sabía que mamá y papá habían rechazado tu invitación. Me contaron que tú les habías pedido que no fueran.
Lo miré, atónita.
—Les rogué que estuvieran allí.
Derek asintió.
—Ahora lo sé.
Me mostró una fotografía en su teléfono.
Reconocí enseguida la carta que les había enviado a nuestros padres antes de mi ceremonia. En ella