pan y la última cucharada, me di cuenta de que lo estaba pasando bien.
La culpa no tardó en aparecer. ¿Cómo podía estar pasándomelo bien si Martin ya no estaba?
“Así podrás decirle a tu esposo que tú cocinas mejor”.
De vuelta a bordo, me encontré con Thomas cerca de los ascensores.
Le conté lo de la cafetería, la foto y cómo me había costado quedarme a comer en vez de volver corriendo al barco.
“La silla vacía… Martin me habló de eso”. Sonrió. “Tenía tu foto en el puente,