EL HOMBRE AL QUE CRIÉ COMO A MI PROPIO HIJO

nudo en la garganta.
Le mostré la caja.
—Solo quería entregarte esto.
Él ni siquiera la tomó.
Su prometida permanecía observando desde la entrada.
Entonces dijo algo que jamás imaginé escuchar.
—Hay personas de mi empresa. Prefiero que no sepan detalles de mi pasado.
No entendí al principio.
Hasta que añadió:
—Es mejor que ya no vuelvas a buscarme.
No discutí.
Regresé caminando a mi casa con aquella caja todavía entre los brazos.
Esa noche abrí una de sus viejas cartas.
*”Pase lo que pase, siempre vas a ser mi