Las velas parpadeaban levemente sobre la fina capa de chocolate, proyectando sombras temblorosas en el mármol reluciente del gran

sus ojos.

—Papá… ¿mamá no va a regresar a la fiesta? —preguntó el pequeño Mateo, apretando entre sus manos la mantita de hilo azul que cubría sus piernas.

—No por un buen tiempo, campeón —respondió el padre, pasando una mano amorosa por sus rizos oscuros—. Pero quiero que sepas algo muy importante: todo lo que pasó hoy era necesario para que estemos seguros.

—¿Incluso el papel sobre la mesa? —inquirió el niño, señalando la hoja de documento que yacía junto a la estilográfica de oro.

El padre miró el papel