Las velas parpadeaban levemente sobre la fina capa de chocolate, proyectando sombras temblorosas en el mármol reluciente del gran

y dejó escapar un suspiro profundo cargado de alivio y tristeza. Aquel documento no era una orden de cesión de custodia como Elena creía firmemente. Durante meses, Elena había estado desviando fondos de la fundación benéfica creada para el tratamiento médico de Mateo, transfiriendo millones a cuentas bancarias no rastreables en paraísos fiscales.

Sin embargo, lo que Elena ignoraba era que el abogado de la familia había descubierto el rastro financiero semanas atrás. El documento sobre la mesa era, en realidad, una confesión completa y una transferencia irrevocable de todos