Las velas parpadeaban levemente sobre la fina capa de chocolate, proyectando sombras temblorosas en el mármol reluciente del gran

par en par, impactado por las palabras de su padre. La parálisis parcial de sus piernas no era una condición congénita irreversible, sino la consecuencia de un accidente automovilístico ocurrido dos años atrás, un trágico evento que Elena había utilizado sistemáticamente para mantener al niño aislado del mundo exterior y asegurar el control del fideicomiso.

—¿Voy a poder volver a patear un balón de fútbol? —preguntó el pequeño, con un hilo de voz temblorosa que denotaba la fragilidad de su esperanza.

—Vas a volver a correr tanto que tendré que