opción. —¿Sabía que querías que vendiera su casa? Javier no contestó. Llamamos a mamá. Ella sólo sabía que su yerno había mencionado la posibilidad de conseguir una vivienda donde algún día pudiera quedarse cerca de nosotros. Jamás había aceptado vender nada.
Ahí terminó de derrumbarse la versión de la “sorpresa”. Javier había construido un proyecto con tres fuentes de dinero que todavía no controlaba completamente: los descuentos que Maribel creía destinados a una deuda, la posible liquidación si ella renunciaba y una parte del valor de la casa de nuestra
MI HERMANA TENÍA QUE PEDIRLE DINERO A SU ESPOSO HASTA