MI HERMANA TENÍA QUE PEDIRLE DINERO A SU ESPOSO HASTA

apenas podía cargar una bolsa.
—No, Daniela. Javier se va a enojar si gasto de más.
Aquello me molestó más que su lesión.
Sólo necesitaba pollo, verduras, tortillas y algunas cosas para la semana, pero hablaba como si comprar comida requiriera autorización judicial.
Tomé la lista.
—Yo lo pago.
Maribel quiso negarse.
Desde que se casó, hacía tres años, había aprendido a medir cada peso. Ella y **Javier** trabajaban en una fábrica de autopartes en **Puebla**, pero él administraba ambos sueldos.
Si faltaba detergente, Maribel preguntaba.
Si necesitaba zapatos, esperaba.