sea”.
“Quiero donar mis pulmones”.
Me quedé mirándolo fijamente.
“¿Cuando te mueras?”.
“Sí. Pero quiero que se los den a alguien en concreto”.
Fruncí el ceño.
“¿Quién es Mallory?”.
“¿Quién?”.
Miró hacia la ventana.
“Se llama Mallory”.
Esperé.
“¿Quién es Mallory?”.
“Un compañero del trabajo me habló de ella”.
“Tiene veinticuatro años. Está enferma”.
“¿De qué la conoces?”.
“Un compañero del trabajo me habló de ella”.
Esa respuesta me sonó rara.
Warren llevaba meses sin ir al trabajo y nunca antes había mencionado a Mallory ni una sola vez.
Parecía