Lo había cuidado como si fuera su propio hijo, y ahora no sabía si volvería a verlo.
Una tarde, para su sorpresa, Idan apareció en su puerta. La abrazó con fuerza, llorando, diciéndole cuánto la había extrañado y que no creía lo que decía su abuela. Le entregó un dibujo y le tomó la mano, recordándole que, aunque había perdido su trabajo, su hogar y su dignidad, aún contaba con su amor.
Decidida, Clara reunió fotos, cartas y testimonios, buscando la ayuda de una joven pasante de derecho. A pesar
Fragmento completo: Una humilde criada que había pasado años al servicio de una poderosa familia millonaria fue acusada repentinamente de robar una joya de valor incalculable.