sobre mi padre.
Pero Ethan, sin conocer todas las respuestas ni poder resolver nuestros problemas, hizo algo extraordinario.
Se quedó.
No porque me considerara débil.
No porque sintiera lástima por mí.
Sino porque yo era su amiga.
Y él sabía que una promesa verdadera no consiste en decir que nunca habrá momentos difíciles.
Consiste en decidir que, cuando lleguen, no abandonarás a las personas que amas.
A los seis años le prometí a Ethan que iríamos juntos al baile de graduación.